Preparar una catequesis puede convertirse en una aventura. Buscamos cuentos, canciones, juegos, manualidades. Luego vamos descartando hasta que nos quedamos con la herramienta que nos parece mejor. La que mejor se entiende, la que mejor se recuerda, la que cala mejor en el corazón…

Mi compañera utilizó una vez el juego de La Oca, adaptando las casillas al tema que iba a trabajar con los niños. Fue un éxito.

A veces, por sorpresa, la catequesis la recibe el propio catequista. En apariencia, no tiene que ver con el tema que se prepara; o no es apropiada para ese grupo en concreto; o, simplemente, no va con la actividad que se está preparando.

Pero, de repente, ese juego, o esa canción, es la que cala mejor en el corazón del catequista y ya se recuerda para siempre. Esto es lo que me pasó cuando me topé con el cuento que me atrevo a compartir aquí con ustedes. Espero que les guste.

TRES PEQUEÑOS ÁRBOLES.

Érase
una vez en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles juntos
soñando sobre lo que querían llegar a ser cuando fueran grandes. El
primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo, “Yo quiero
guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras
preciosas. Yo seré el baúl de tesoros más hermoso del mundo!”
. El segundo arbolito miró un pequeño arroyo realizando su camino
al océano y dijo, “Yo quiero viajar a través de aguas temibles
y llevar reyes poderosos sobre mí”. Yo
seré el barco más imponente del mundo!”.

El tercer arbolito
miró hacia el valle que estaba abajo de la montaña y vio hombres y
mujeres trabajando en un pueblo, y dijo “Yo no quiero irme de la
cima de la montaña nunca. Yo
quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se pare a
mirarme,ellos levantarán su mirada al cielo y pensarán en Dios. Yo
seré el árbol mas alto del mundo!”.

Los
años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles
crecieron alto. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la
montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo, “Qué
árbol tan hermoso es éste!”, y con la arremetida de su hacha
brillante el primer árbol cayó. “Ahora me deberán convertir
en un baúl hermoso, deberé contener tesoros maravillosos!”,
dijo el primer árbol.

El
segundo leñador miró al segundo árbol y dijo, “Este árbol es
muy fuerte, es perfecto para mí”. Y con la arremetida de su
hacha brillante, el segundo árbol cayó. “Ahora deberé navegar
aguas temibles!”, pensó el segundo árbol “Deberé ser un
barco imponente para reyes temidos y poderosos” .

El
tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando el último leñador
lo miró. El árbol se puso derecho y alto y apuntando ferozmente al
cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba y dijo,
“Cualquier árbol es bueno para mí”. Y con la arremetida
de su hacha brillante el tercer árbol cayó.

El
primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una
carpintería. Pero el carpintero lo convirtió en una caja de
alimento para animales de granja. Aquél árbol hermoso no fue
cubierto con oro, ni llenado de tesoros, sino que fue cubierto con
polvo de cortadora y llenado con alimento para animales de granja
hambrientos.

El
segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un
embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido ese día. En
lugar de eso, aquel árbol fuerte fue cortado y convertido a un simple
bote de pesca; era demasiado chico y débil para navegar en el
océano, ni siquiera en un río, y fue llevado a un pequeño lago.

El
tercer árbol estaba confundido cuando el leñador lo cortó para
hacer tablas fuertes y lo abandonó en un almacén de madera. “Que
estará pasando”, fue lo que se preguntó el árbol, “Yo
todo lo que quería era quedarme en la cumbre de la montaña y
apuntar a Dios. . . “

Muchísimos
días y noches pasaron. A los tres árboles ya casi se les habían
olvidado sus sueños. Pero una noche, una luz de estrella dorada
alumbró al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo
recién nacido en la caja de alimento. -“Yo quisiera haberle
podido hacer una cuna al bebé”, le dijo su esposo a la mujer. La madre sonrío mientras la luz de la estrella alumbraba a la madera
suave y fuerte de la cuna. Y la mujer dijo “Este pesebre es
hermoso”. Y de repente, el primer árbol supo que contenía el
tesoro más grande del mundo.

Una
tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron al viejo bote de
pesca. El viajero se quedó dormido mientras el segundo árbol
navegaba tranquilamente hacia adentro del lago. De repente, una
impresionante y aterradora tormenta llegó al lago, el pequeño árbol
se llenó de temor, él sabía que no tenía la fuerza para llevar a
todos esos pasajeros a la orilla a salvo con ese viento y lluvia. El
hombre cansado se levantó, se paró, y alzando su mano dijo “Calma”. La tormenta se detuvo tan rápido como comenzó.
Y de repente el segundo árbol supo que él llevaba navegando al Rey
del Cielo y de la Tierra.

Un
viernes en la mañana el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas
fueron tomadas de aquel almacén de madera olvidado. Se asustó al
ser llevado a través de una impresionante multitud de personas
enojadas. Se llenó de temor cuando unos soldados clavaron las manos
de un hombre en su madera. Se sintió feo, áspero y cruel. Pero un
domingo por la mañana, cuando el sol brilló y la tierra tembló con
júbilo debajo de su madera, el tercer árbol supo que el amor de Dios había cambiado todo. Esto hizo que el árbol se sintiera fuerte,
y cada vez que la gente pensara en el tercer árbol, ellos pensarían
en Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo.